lunes, 7 de marzo de 2016

EL GATO PIRULÍ

                       (c) David


Había una vez un gato que se llamaba PIRULÍ. Tenía cuatro patas blancas y un rabo negro. Era muy bueno y en su casa todos le querían mucho, por ser el más pequeño de la familia.

Jugaba con su hermana mayor que le daba cariño con besos que a él le gustaban mucho, pero a veces, también le hacia de rabiar y acababan pegándose.

Su mamá era una gata de color negro y su papá era un gato de color blanco.

A veces papá y mamá salían de la casa para ir en busca de comida. Su hermana, llamada Martina, también se iban por ahí, a jugar con otros gatitos amigos suyos.

PIRULÍ, al ser el pequeñito, se quedaba solo en casa y se aburría mucho.

Un día su mamá le dijo que le iba a llevar a un lugar para jugar con otros gatitos como él.

Al principio  a PIRULÍ no le gustaba nada esta idea. ¡Era la primera vez que iba a estar solo sin su familia fuera de su casa! Aunque era un gato valiente, le daba mucho miedo no saber qué le iba a pasar.

Llegó con su mamá al lugar donde había otros gatitos que nunca había visto . El sitio estaba lleno de gatos más o menos de su edad y unas gatas que no eran sus mamás y que les cuidaban como si lo fueran. A PIRULÍ le asustó mucho el tener que quedarse solo entre gatos desconocidos.

Pasó la mañana y a PIRULÍ le pareció muy larga . Cuando llegó su mamá  para llevarlo a  casa,  se puso muy contento. ¡Qué bien se estaba allí con su mamá, su papá y su hermana.¡ Ya no tenía miedo!

Todos los de la familia  le preguntaron cómo lo había pasado, pero él no quería decir nada. Los abuelos le animaban y le convencían de que en ese lugar nuevo solo tenía que estar un ratio y que podría hacer muchos, muchos, amigos.

Por la noche cuando se acostó para dormirse, se sentía un poco triste porque con la llegada del día tendría que salir otra vez fuera de su casa. No obstante se quedó dormido pensando que seguiría siendo un gato valiente. 

 Y ¿sabes que pasó ? Que decidió olvidarse de su miedo y se lo empezó a pasar muy bien con los otros gatitos y gatitas y así descubrió que aquel lugar donde le habían llevado y él no quería ir, también era bonito. No tanto como su casa, pero no estaba nada mal, porque podía hacer cosas con sus otros compañeros como maullar de una y otra forma. Algo nuevo para él.

Cuando vino su mamá a buscarle, los dos alegres se saludaron. Mamá le lamió, le dio muchos besos y entonces PIRULÍ se puso a runrunear. Mamá le dijo:

-Miau, miau, miau- que significa en lenguaje de gatos: “te quiero mucho y estoy orgullosa de ti.”

Entonces Pirulí contestó:

-Mi, mimi miau- que significa en lenguaje de gatos- Estoy muy contento en este lugar. Podéis iros tranquilos que yo lo paso muy bien.

Todos los gatos  y gatas de la familia se alegraron con este nuevo comportamiento de PIRULÍ y ese día lo celebraron por todo lo alto con un trozo de pastel que había traído mamá gata y que lo había encontrado tirado en la calle.

-Miaaa miaaamiau- que significa -¿Cuando podré ir con vosotros a buscar comida?

-Miau, miau, miau- que significa- Pronto, muy pronto nuestro querido y valiente PIRULÍ.


Luz del Olmo