jueves, 25 de octubre de 2007

TENGO DOS ZAPATOS

Luz
Tengo dos zapatos,
dos zapatos viejos,
son los dos iguales,
parecen gemelos.

Están muy cansados
de andar desgastados,
de casa al colegio.

No puedo con ellos
jugar en la bici,
correr por el campo
o pisar los charcos.

Tendré que tirarlos,
comprame otros nuevos
y seguir andando,
de casa al colegio

Luz del Olmo

domingo, 21 de octubre de 2007

LAS UNIDADES QUE LLEGARON A SER DECENAS.

(Me llama mi amiga Mª Ángeles que da clase en primero de primaria y me dice que si le puedo inventar un poema para que los niños aprendan las unidades y las decenas. Intento el poema pero siento que no quiero salir. Pienso en un cuento y esto es lo que se me ha ocurrido.
Ya sabes Mª Ángeles que puedes hacer lo que quieras con el texto. No sé si te servirá de algo o no, pero ahí lo tienes)

LAS UNIDADES QUE LLEGARON A SER DECENAS.

En un lugar muy frío de cuyo nombre no puedo acordarme, vivían los números que ya vosotros conocéis: 0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9. Ellos caminaban solos y estaban contentos porque todos tenían su nombre. Pero un día el 1 se puso a llorar:
-¿Por qué lloras? - Le preguntaron el resto de los números.
-Porque tenemos nombre, pero nos falta el apellido.

-Es verdad- dijeron todos a la vez.- Nos falta el apellido, nos falta el apellido.

Los números mientras caminaban solos por aquellos lugares tan fríos, pensaban y pensaban. Hasta que de pronto, el número uno dijo:

-Ya no estoy triste, ya tengo apellido, me llamaré “una unidad”.
Entonces el 0 dijo:

-Qué bien yo también me llamaré ”cero unidades”

Entonces saltó el 2 y yo “ dos unidades” y así siguió el tres unidades, cuatro unidades, cinco unidades, seis unidades, siete unidades, ocho unidades y nueve unidades. Se dieron cuenta que todos eran de la misma familia y que todos tenían que tener el mismo apellido.

Pasó un tiempo y aquellos números que eran unidades se sentían muy bien en aquel país del frío de cuyo nombre no puedo acordarme. Hasta que otro día, a la una unidad ( que era el número 1) se le ocurrió que si se juntaba con el “cero unidades” para jugar y caminar juntos, podían formar otro número que ya sabéis se llamó 10 y como le gustó, pasado un tiempo, se unió con otro 1 que por allí circulaba solo, para formar el 11, después lo hizo con el 2 y formó el 12 y más tarde formaron el 13, el 14, el 15, el 16, el 17, el 18 , el 19 y descubrieron que era muy divertido hacer las cosas de dos en dos.

Pero como siempre le pasabe al número 1, un día se puso triste y dijo que el 10 no tenía apellido.

Así, una vez más, el resto de los números tuvieron que pensar y pensar, hasta que al mismo 10 se dio cuenta y llamó a los otros:

- Ya lo tengo. Si yo me llamo diez y soy diez cosas, me llamaré “decena”

-Bien-dijeron los otros, pero entonces ¿Nos quitamos el apellido unidades cuando estemos juntos?

-Noooooo-Dijo el 10- No . Yo por ejemplo, seré una decena y 0 unidades

-Y yo? -dijo el número 11- ¿Cómo me llamaré yo entonces?

-Muy fácil- explicó el número 10- tu serás una decena y una unidad

- Y ¿Yo?- dijo el 12 que sabía que siempre iba detrás del 11

- Tú serás una decena y dos unidades

- Ya sé -dijo el 13- entonces yo seré una decena y tres unidades

-Es muy fácil- dijo el 14- yo una decena y cuatro unidades

-Sí, sí,-dijo el quince- siempre que esté el uno va a ser una decena porque hay diez cosas juntas y luego, cinco, seis, siete, ocho o nueve unidades.

-Bien bien gritaron ya todos porque lo habían entendido

Y desde entonces en aquel país del frío hizo más calor, porque la profesora Mª Ángeles, había explicado a unos niños que vivían en otro lugar donde a veces también hacía frío, esta historia de cómo las unidades se hicieron decenas.

Luz del Olmo


sábado, 20 de octubre de 2007

LA CASA DE LA RISA

LA CASA DE LA RISA

Alicia la llama así porque en ella viven los pirrigollos.

Son seres muy pequeñitos que no saben andar, entre otras cosas porque no tienen pies. Su forma es cuadrada y en lo único que se nos parecen, es en la boca , pero sin dientes. Son muy graciosos, porque se ríen y cuentan chistes.

No ven nada, se orientan por unos bigotes que les salen por encima de la cabeza, por llamarla de alguna forma; pues su cuerpo es todo igual, sin apartados.

Alicia tardó mucho tiempo en encontrarlos. Viven entre las cajas.

No siempre les hace caso.

Si está aburrida: pasea por los pasillos. Sube y baja las escaleras. Mira por las ventanas. Abre un cajón. Rebusca en los armarios. Se sienta un rato en los sillones. Hace bolas de papel. Se contempla en los espejos. Observa una fotografía. Da saltos, e intenta desempolvarlo todo.

De pronto la lleva el aburrimiento hasta el garaje. Hay cajas cuadradas de distintos tamaños, les da un puntapié‚ y surgen de ellas los pirrigollos, que ríen , se hacen cosquillas, se encogen , se alargan, se estiran .Unos son grandes, deben ser los padres, otros más pequeños, deben ser los hijos y otros muy enanitos que serán los recién nacidos.

Alicia los mira. No le hacen gracia sus chistes tontos, hasta que un pequeñín abre tanto la boca para intentar reír, que se atraganta. Alicia entra en su juego y va dejando la indiferencia. Les hace burla. Sonríe, más tarde ríe, ríe, ríe tanto que toda la casa es una carcajada. Hasta sus ojos ríen dejando nacer las lágrimas .

Los pirrigollos se ríen más al verla a ella y cuentan chistes de: borrachos, camareros, extranjeros, negros , blancos , de aviones, coches y pirrigollos , que son los que más les gustan.

Todos los pueblos, ciudades y países, que son las cajas del garaje, se ríen y ríen y Alicia tiene que irse hacia el jardín, pues si sigue así, puede morir de un ataque de risa.

Con la risa en la boca, abre la puerta. Sale a la calle.









Tanta era mi risa que era incapaz de apretar el botón para hacer la casa pequeña. Cuando saltaba a la comba me seguía riendo. Mis amigas no comprendían el porqué.






lunes, 15 de octubre de 2007


EL SOL

El sol nace,
el sol muere,
todos los días
de siete a nueve.

Si lo espero
no viene
porque llueve.

Si le digo:

"Amarillo
redondón,
vete fuera
del salón".

No hace caso
y me tengo
que ir yo.

Es el sol,
como un niño
juguetón.

Luz del Olmo

domingo, 7 de octubre de 2007

LA ARAÑA


LA ARAÑA


Teje arriba, teje abajo

teje líneas sin descanso.


Está labrando una tela

en un lugar del espacio,

parecen hilos de seda

con un brocado muy blanco.


Teje arriba, teje abajo

teje líneas sin descanso.


(Este poema está dedicado a todos los componentes del blog "La arañita campeña". Espero os guste )

jueves, 4 de octubre de 2007

LA LLUVIA

novalis.blogia.com


LA LUVIA


Que quiero que llueva

que tengo un paraguas

y dos botas de agua.


Qué llueva muy fuerte

que riegue los campos

que quiero pisar

y meterme en los charcos.


Que quiero que vengan

las nubes muy negras.


Que quiero que el río

no quede vacío.



Que quiero las vacas

ya puedan comer




Que quiero la hierba


ya vuelva a crecer.





Que quiero que todo


se vista de verde.





¡Qué quiero que llueva


qué llueva muy fuerte!


Luz del Olmo







(Estos días ha llovido mucho por España y no siempre con buenos resultados. A veces se pasa temporadas en que la lluvia no aparece, este poema lo escribí en una de esas épocas)