jueves, 21 de enero de 2016

EL HOMBRECITO DESARMADO




Aquella noche Julio, decidió irse a la cama y no ver el programa que echaban en la televisión y que se llamaban 1, 2, 3 de enorme éxito por aquella época de los años 80 de nuestro siglo ya pasado, algo que a su mamá le pareció muy bien, aunque  le extrañó un poco.

Mamá abrió la puerta de la habitación y dijo:

-Julio, ¿te has acostado ya?

  • Ahora voy, pero antes, mira hacia el suelo en la oscuridad, ¿no te parece eso un hombrecito desarmado?

Mamá miró y no vio nada más que un montón de ropa junto a unas zapatillas que se había quitado su hijo.

Después de observarlo con detenimiento, mamá empezó a reírse y comentó:

  • Pues es verdad. Me parece que estoy viendo un hombrecito desarmado.

Julio entonces pidió que le contase un cuento sobre este personaje que se hallaba en la habitación.

Como David había preferido ver el tonto programa que echaban por la tele, mamá comenzó a contar sin esperar a su otro hijo mayor.

..Había sido un día muy bonito, cansado e ilusionado para los niños de aquel gran patio. Después de una corta disputa entre ellos, habían decidido que jugarían un partido de fútbol. Lo prepararon todo y estuvieron entrenando hasta casi entrada la noche.

Llegaron a sus casas sucios y llenos de hambre. Cenaron, se acostaron y durmieron profundamente...

Mientras mamá seguía con el cuento, Julio fue cerrando los ojos a la vez que el montón de ropa con zapatillas, comenzó a moverse:

Primero lo hizo una manga del jersey, después otra; a continuación le tocó a los pantalones y en último lugar comenzaron a moverse las zapatillas, dirigiéndose ya en forma casi de persona, hasta la puerta.

Después de mucho esfuerzo, el hombrecito desarmado, que se había caído, se volvió a levantar y con las dos mangas, consiguió salir de la habitación. Se encaminó por el pasillo, pero como no conocía bien la casa, se iba dando contra la pared que creía era una puerta abierta. Tuvo mucha suerte y tan solo tropezó con la zapatilla del piel izquierdo, en un jarrón sin flores . Sintió dolor y gritó:

.grgraass- ( aquella palabra solo la entendieron los duendes y personajes de la noche) que significaba ¡qué daño me he hecho! Y siguió andando.

En su deambular, llegó hasta la cocina. Mamá había dejado en la encimera, algo de comida que había sobrado de la cena. Quiso probar un poco de bizcocho relleno de chocolate, pero las mangas se lo impidieron y el plato se cayó al suelo.

Julio se despertó y comenzó a gritar:

-Mamá, papá, algo ha pasado en la cocina.

Los papás que dormían en ese instante el primer sueño, nada oyeron. El niño entonces, se dio media vuelta y siguió soñando con un balón.

El hombrecito desarmado por su parte, intentó volver a la habitación. No era fácil y eso a pesar de ser la casa pequeña. Sin darse cuenta, las zapatillas le llevaron a una terraza, llena de cachivaches para la limpieza de la casa, donde metió uno de los pies en la fregona sin agua y tiró dos cepillos de barrer. Intuyó, porque no veía, que debajo de él se encontraba el patio donde los niños habían estado entrenando para el gran partido de fútbol. Entonces le entraron ganas de saltar porque pensó que el balón, se podía hallar en un rincón escondido.

Decidió que el propietario de la ropa y de la habitación donde dormía ese niño, se pondría contento si él se lo llevaba.

El niño seguía soñando y su sueño no era tranquilo. Veía cómo un balón al cual él tenia mucho cariño, aparecía y desaparecía y él nunca lo podía atrapar. Eso le producía mucha inquietud y se agitaba diciendo:

-Ven conmigo, ven conmigo.

A la mañana siguiente, David le dijo a su madre:

-Mamá, ayer cuando me acosté, le coloqué a Julio su ropa y se la puse en la silla. Y el balón que utilizamos para jugar al fútbol en el patio, lo he dejado en la estantería.

-Gracias David. Así me gusta que no dejéis todo tirado por el suelo.

Luz del Olmo


2 comentarios:

Julio P dijo...

Pues no, no me acuerdo del cuento... pero de la foto sí :)

Abejita de la Vega dijo...

Un montón de ropa se puede convertir en un hombrecillos desarmado, claro que sí. Y cobrar vida en el sueño de un niño con imaginación. Y si el niño tiene una madre imaginativa, ni te cuento.
Yo tampoco me perdía el 123, por nada, como David.

Besos, Luz, Julio y David.