Cuando Alicia abre la puerta, la reciben espejos de lunas blancas
Manos de personas invisibles, luchan por conseguir una manzana tan
pequeña que parece un alfiler.
Todo está multiplicado por mil, hasta los cuentos de la abuela
que está sentada en la hamaca del rincón .
La niña mueve los ojos y le responden otros muchos que la miran desde arriba, desde abajo y en el lado de la lámpara.
Todo es gris y por la ventana de la noche ha entrado un murciélago con un cigarro en la boca.
Tiene tanto miedo que no puede huir. Nadie la escucha y al coger un libro, toda la estantería desaparece en los cristales.
Se ha quedado sin zapatos y la escoba de la bruja, le peina el pelo. Quiere llorar, pero el perro de porcelana que hay encima del radiador le escupe en la cara.
Se han muerto todas las plantas de la habitación azul. Dos muñecas improvisan un ballet en el hielo de la chimenea. Los bolígrafos no escriben, se ha congelado la tinta. Una rana de cristal patina en la mesa.
Alicia huele a frío y lo toca con las manos .
Busca la puerta de salida, y, está tan aterrorizada que no encuentra la hora. Los relojes hace tiempo que se pararon en las cien.Sube a la terraza por ver si encuentra un trocito sin reflejos. Una nube le sonríe. Da un salto y vuela por el hueco del tejado.
Aquel de día me fui con el sol de invierno. Muy nerviosa, metí la mano en el bolsillo, conseguí encontrar el botón e hice la casa tan pequeñita que estuve tres días sin poder mirar la fila
de árboles pequeños que hay cerca de la casa sin tejado.
domingo, 12 de agosto de 2007
martes, 31 de julio de 2007
EL GIRASOL
lunes, 23 de julio de 2007
EL MAR CONTABA HISTORIAS
Luz
El mar contaba historias
a los barcos que pasaban
Rizaba el aire las olas
y en cada rizo
llevaba una historia .
Érase una vez
los peces de colores,
La lucha del bucanero,
los cantos de las sirenas
en las islas de coral .
El juego de las algas.
Erase una vez
Erase una vez
La luna miraba al mar
queriendo escuchar la historia
mas el viento sólo dejaba
muchos rizos en el agua.
Pasó el pájaro de la noche
y extendió sus alas.
La luna recibió entonces
todos los cuentos
que el mar
en las noches de madrugada
a los barcos les contaba.
Luz del Olmo
a los barcos que pasaban
Rizaba el aire las olas
y en cada rizo
llevaba una historia .
Érase una vez
los peces de colores,
La lucha del bucanero,
los cantos de las sirenas
en las islas de coral .
El juego de las algas.
Erase una vez
Erase una vez
La luna miraba al mar
queriendo escuchar la historia
mas el viento sólo dejaba
muchos rizos en el agua.
Pasó el pájaro de la noche
y extendió sus alas.
La luna recibió entonces
todos los cuentos
que el mar
en las noches de madrugada
a los barcos les contaba.
Luz del Olmo
viernes, 20 de julio de 2007
UNA CASA CON JARDÍN
LuzNo recuerdo la hora, pero estoy segura que siempre sucede por la tarde. Un monte de tierra blanca puede servir de asiento. A veces crece la hierba, otras no.
El rito consiste en: andar despacio, no pensar en nada y al llegar mirar la fila de árboles pequeños que hay cerca de la casa sin tejado, meter la mano en el bolsillo y apretar el botón para hacerlo todo grande. Requisito indispensable: estar sola.
UNA CASA CON JARDÍN
Cuando Alicia abre la puerta, nunca sabe lo que va a encontrar.
De un grifo pueden salir huevos de avestruz y del cesto de la
fruta un muñeco de muelles que da saltos por encima de la mesa.
Si está cansada, busca una silla que no existe, pero a cambio,
una lámpara azul la coge en brazos, le canta una nana y la deja
dormida. Cuando despierta, tiene hambre, por eso, baja a una
cocina que cambia de lugar cada vez que pisa las baldosas. Como
nunca llega, viene un plato en forma de camarero y le ofrece, en
una piscina pequeña, zumo de chocolate.
Puede salir al jardín y encontrar un juego de ajedrez. Las fichas
las transportan mariposas. Nunca ve a los jugadores.
O puede mirar en el salón, como una especie de bastón ensaya
pasos de baile hasta que una voz le ordena pararse. Jamás se
vuelve a mover. La misma voz pide silencio y centenares de
cuadros desfilan por un pasillo que cada vez se hace más largo,
más largo ....
Si pulsa un botón naranja, máquinas de escribir suben y bajan
las escaleras, hasta dejarlo todo limpio.
Se prohíben flores de papel, objetos de plástico y bobinas de
hilo .
Se aceptan todos los sonidos y en especial, los zumbidos de las
moscas.
En un rincón huele a hierbabuena y en la habitación de arriba,
un dinosaurio sueña en francés.
Alicia sabe cuando es la hora de salir. Lo más fácil es el camino
hacia la puerta.
Porque llegaba la noche, me tenía que ir. Apretaba el botón para
hacer la casa pequeña y metiéndola de nuevo en el bolsillo, me
acercaba al lugar donde mis amigas jugaban a la comba.
Luz del Olmo
domingo, 8 de julio de 2007
POEMA A JULIO
(Aunque este poema lo escribí hace ya muchos años, hoy quiero dejárlo aquí porque, hoy,8 de julio, es el cumpleaños de Julio. Felicidades.)
POEMA A JULIO
Julio desea un poema.
Tengo tres temas:
Desea ser pájaro
con alas para volar
y subido en una nube
mirar la tierra y pensar.
Desea tener el sol
en invierno y en verano
poder dormir con el viento
y bañarse todo el año.
Desea tener amigos
amigo con quien hablar
de algunas de estas cosas
y otras que aquí no están.
Luz del Olmo
POEMA A JULIO
Julio desea un poema.
Tengo tres temas:
Desea ser pájaro
con alas para volar
y subido en una nube
mirar la tierra y pensar.
Desea tener el sol
en invierno y en verano
poder dormir con el viento
y bañarse todo el año.
Desea tener amigos
amigo con quien hablar
de algunas de estas cosas
y otras que aquí no están.
Luz del Olmo
domingo, 1 de julio de 2007
LA CASA DE LA MÚSICA

Escribí unas prosas poéticas que titulé Las casas de Alicia, después, con el tiempo, hice una obra de teatro basada en estas casas que fue representada por los niños y niñas de Velilla, dirigidos por Rodolfo Serrano. Más tarde la convertí en novela. Esta novela la presenté al Premio Lazarillo y quedé finalista. La he intentado publicar en alguna que otra editorial de literatura para niños, pero no lo han creído conveniente. Es un juego que yo tenía de pequeña. Me sentaba en una piedra, que aún existe, y mirando el paisaje imaginaba que tenía una casa en el bolsillo de mi vestido a la que apretaba un botón, la hacía grande y pasaban cosas maravillosas.
Hoy he empezado a leer " Los Cuentos de la Abuela" de Kety Morales, editados por "Tal Vez", la editorial de mi amigo Pedro Talaván y al finalizar el primer cuento, me he acordado de mis prosas poéticas. Por eso dejo aquí este texto.
LA CASA DE MÚSICA
Para Alicia el entrar, es no querer salir. Por eso elige el miércoles y nunca falta a la cita. Ese día, se viste con los zapatos nuevos y se pinta un lunar muy cerca de los labios.
Cuando llega, las puertas, como dos mayordomos, se inclinan ante ella. Rayos de soles suben y bajan y entre cascadas, canta una voz.
Una flauta mágica enamora el aire. Suenan celosos los clarinetes.
En el salón del ángulo oscuro ha quedado una guitarra acompañando al arpa.
Los papeles de una sinfon¡a se olvidan muy cerca del piano.
Do , Re, Mi, Fa, Sol , La ,Si; son como un cuadro de colores invisibles ,o un otoño de letras barridas por el viento.
En un compás de dos por cuatro hay silencios con corcheas , semicorcheas, fusas y semifusas... Las redondas, ¿dónde est án?
Alicia, deja los poros abiertos y se abanica con todas las sensaciones concentradas en la emoción de un lágrima, una sonrisa y estados de ánimo muy semejantes a las noches de luna llena.
Todo el silencio de las miradas se juntan en el hombre de los dos platillos. El tambor redobla, recordando, el trotar de los caballos . A lo lejos, suavemente, toca un viol¡n .
El mundo está bien hecho y Alicia respira su armon¡a , sentada en el sillón.
Cuando ya no se oye ni el sonido de la golondrina con tristeza y alegría Alicia se va. Los mayordomos amablemente la invitan a salir y sin quererlo se encuentra en la calle.
Me gustaban los miércoles cuando empezaban, pero inevitablemente deb¡a apretar el botón , hacer la casa pequeña para poder jugar con mis amigas. En el camino, casi siempre me rozaba, el aire de un pájaro.
Luz del Olmo
Hoy he empezado a leer " Los Cuentos de la Abuela" de Kety Morales, editados por "Tal Vez", la editorial de mi amigo Pedro Talaván y al finalizar el primer cuento, me he acordado de mis prosas poéticas. Por eso dejo aquí este texto.
LA CASA DE MÚSICA
Para Alicia el entrar, es no querer salir. Por eso elige el miércoles y nunca falta a la cita. Ese día, se viste con los zapatos nuevos y se pinta un lunar muy cerca de los labios.
Cuando llega, las puertas, como dos mayordomos, se inclinan ante ella. Rayos de soles suben y bajan y entre cascadas, canta una voz.
Una flauta mágica enamora el aire. Suenan celosos los clarinetes.
En el salón del ángulo oscuro ha quedado una guitarra acompañando al arpa.
Los papeles de una sinfon¡a se olvidan muy cerca del piano.
Do , Re, Mi, Fa, Sol , La ,Si; son como un cuadro de colores invisibles ,o un otoño de letras barridas por el viento.
En un compás de dos por cuatro hay silencios con corcheas , semicorcheas, fusas y semifusas... Las redondas, ¿dónde est án?
Alicia, deja los poros abiertos y se abanica con todas las sensaciones concentradas en la emoción de un lágrima, una sonrisa y estados de ánimo muy semejantes a las noches de luna llena.
Todo el silencio de las miradas se juntan en el hombre de los dos platillos. El tambor redobla, recordando, el trotar de los caballos . A lo lejos, suavemente, toca un viol¡n .
El mundo está bien hecho y Alicia respira su armon¡a , sentada en el sillón.
Cuando ya no se oye ni el sonido de la golondrina con tristeza y alegría Alicia se va. Los mayordomos amablemente la invitan a salir y sin quererlo se encuentra en la calle.
Me gustaban los miércoles cuando empezaban, pero inevitablemente deb¡a apretar el botón , hacer la casa pequeña para poder jugar con mis amigas. En el camino, casi siempre me rozaba, el aire de un pájaro.
Luz del Olmo
sábado, 23 de junio de 2007
CONVERSACIONES CON MI GATA

NAHUAL
-Ya sabes que cuando quieras puedes venir a verme. Nos podemos encontrar aquí, en el Río de las Piedras. Habrás observado cómo vengo todos los días sobre estas horas. Juntos miraremos los atardeceres rojos que se forman detrás de esas montañas tan altas. El pico de allá arriba es el Yerupaja.
Si te portas bien, te podré dar un poquito de pescado. No creas que va a ser fácil. Toda mi familia depende de la cantidad de peces que lleve a casa. Me necesitan para darles de comer. Somos muchos hermanos. Yo estoy en el medio. Aquí donde me ves, acabo de cumplir los ocho años.
Hace unos meses, mi hermano mayor de doce, me enseñó cómo debo meterme en el río sin mover un solo músculo y esperar que los peces se acerquen a mí, después muy lenta y suavemente cogerlos con todas mis fuerzas y a la vez con suavidad, que eso es lo difícil, para inmediatamente, salir del agua y echarlos en el cesto.
Unos días son más afortunados que otros. Si los peces son muy grandes, no puedo con ellos y otras veces, si están muy escurridizos, se me escapan de las manos. Entonces tengo que esperar un rato muy largo hasta que vuelven a aparecer cerca de mí.
Calla y no te muevas. Estoy a punto de atrapar uno. ¡Qué contentos se van a poner padre, madre y el chiquitín Tupac!
¿Sabes? Creo que tengo mucha suerte. Vivimos todos en mi familia. Maria Emma y Atahualpa, mis dos amigos, han perdido a sus padres. No sé muy bien que ha pasado pero debió ocurrir algo grave porque María Emma, que siempre ha sido la más habladora de todos, se ha callado y no ha habido forma de hacerla hablar, ni sonreír. Atahualpa, por el contrario, no paraba de llorar.
Hace unos días vino por aquí el Padre Luis y se llevó a mis amigos a la misión. Yo sé que ellos van a estar muy bien. Me gusta cuando el sacerdote viene y pone la mano en mi cabeza, después dice con una voz muy cariñosa:
- Nahual qué majo eres. Tan pequeño y tan responsable.
He estado sin hablarte un rato porque era muy importante que los peces no sintiesen ningún movimiento ni sonido extraño y ahora ¿ves? ya tengo uno ¿A qué es grande?
Si quieres podemos sentarnos aquí un ratito y descansar un poco. Déjame que te acaricie tu pelo rojo. Se parece un poco, sólo un poco, a los colores que va formando, nuestro Dios Intí, el sol, al ocultarse en las montañas.
Cuando sea mayor me gustaría saber pintar. Pintaría este río, las flores y los árboles. Mi cuadro estaría lleno de azules, como el cielo, violetas como los atardeceres, y sobre todo tendría el color amarillo. ¡Me gustan tanto las flores amarillas! Por supuesto no faltaría el color verde. ¿Qué sería del río si no existiese este color?
No te enfades, que en el centro del cuadro estarías tú comiéndote este pez que acabo de pescar. También pondría por encima de las nubes ese cóndor que ahora pasa por aquí. Míralo, es muy bonito. El viento de los alisios no tiene color, pero también estará en el cuadro.
Ya veo cómo te relames con sólo decírtelo. Por ahora confórmate con un poquito de esta aleta y no se te ocurra decirlo a nadie. Es peligroso para ti y para mí.
Mañana, si quieres, puedes venir otra vez sobre estas horas. Te espero siempre con una condición: no le digas nunca a nadie que Nahual te da un trocito del pescado que él pesca.
Adiós. Hasta mañana. ¿Ves? me he hecho una ocarina que toco cuando vuelvo a casa, como hoy, contento. ¿Quieres oírla? ¿A qué suena bien?
Espera. No corras. Necesito llamarte de alguna forma. Eso de gata no me gusta. Tú eres especial. Ya sé, te bautizo con el nombre de Ayllu, porque somos incas, formamos toda una unidad familiar y vivimos en Perú.
Luz del Olmo
-Ya sabes que cuando quieras puedes venir a verme. Nos podemos encontrar aquí, en el Río de las Piedras. Habrás observado cómo vengo todos los días sobre estas horas. Juntos miraremos los atardeceres rojos que se forman detrás de esas montañas tan altas. El pico de allá arriba es el Yerupaja.
Si te portas bien, te podré dar un poquito de pescado. No creas que va a ser fácil. Toda mi familia depende de la cantidad de peces que lleve a casa. Me necesitan para darles de comer. Somos muchos hermanos. Yo estoy en el medio. Aquí donde me ves, acabo de cumplir los ocho años.
Hace unos meses, mi hermano mayor de doce, me enseñó cómo debo meterme en el río sin mover un solo músculo y esperar que los peces se acerquen a mí, después muy lenta y suavemente cogerlos con todas mis fuerzas y a la vez con suavidad, que eso es lo difícil, para inmediatamente, salir del agua y echarlos en el cesto.
Unos días son más afortunados que otros. Si los peces son muy grandes, no puedo con ellos y otras veces, si están muy escurridizos, se me escapan de las manos. Entonces tengo que esperar un rato muy largo hasta que vuelven a aparecer cerca de mí.
Calla y no te muevas. Estoy a punto de atrapar uno. ¡Qué contentos se van a poner padre, madre y el chiquitín Tupac!
¿Sabes? Creo que tengo mucha suerte. Vivimos todos en mi familia. Maria Emma y Atahualpa, mis dos amigos, han perdido a sus padres. No sé muy bien que ha pasado pero debió ocurrir algo grave porque María Emma, que siempre ha sido la más habladora de todos, se ha callado y no ha habido forma de hacerla hablar, ni sonreír. Atahualpa, por el contrario, no paraba de llorar.
Hace unos días vino por aquí el Padre Luis y se llevó a mis amigos a la misión. Yo sé que ellos van a estar muy bien. Me gusta cuando el sacerdote viene y pone la mano en mi cabeza, después dice con una voz muy cariñosa:
- Nahual qué majo eres. Tan pequeño y tan responsable.
He estado sin hablarte un rato porque era muy importante que los peces no sintiesen ningún movimiento ni sonido extraño y ahora ¿ves? ya tengo uno ¿A qué es grande?
Si quieres podemos sentarnos aquí un ratito y descansar un poco. Déjame que te acaricie tu pelo rojo. Se parece un poco, sólo un poco, a los colores que va formando, nuestro Dios Intí, el sol, al ocultarse en las montañas.
Cuando sea mayor me gustaría saber pintar. Pintaría este río, las flores y los árboles. Mi cuadro estaría lleno de azules, como el cielo, violetas como los atardeceres, y sobre todo tendría el color amarillo. ¡Me gustan tanto las flores amarillas! Por supuesto no faltaría el color verde. ¿Qué sería del río si no existiese este color?
No te enfades, que en el centro del cuadro estarías tú comiéndote este pez que acabo de pescar. También pondría por encima de las nubes ese cóndor que ahora pasa por aquí. Míralo, es muy bonito. El viento de los alisios no tiene color, pero también estará en el cuadro.
Ya veo cómo te relames con sólo decírtelo. Por ahora confórmate con un poquito de esta aleta y no se te ocurra decirlo a nadie. Es peligroso para ti y para mí.
Mañana, si quieres, puedes venir otra vez sobre estas horas. Te espero siempre con una condición: no le digas nunca a nadie que Nahual te da un trocito del pescado que él pesca.
Adiós. Hasta mañana. ¿Ves? me he hecho una ocarina que toco cuando vuelvo a casa, como hoy, contento. ¿Quieres oírla? ¿A qué suena bien?
Espera. No corras. Necesito llamarte de alguna forma. Eso de gata no me gusta. Tú eres especial. Ya sé, te bautizo con el nombre de Ayllu, porque somos incas, formamos toda una unidad familiar y vivimos en Perú.
Luz del Olmo
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